Era la plaza del Dos de Mayo y era un Domingo soleado de Mayo. La miró, tenía un aspecto algo canalla con aquellas gafas de sol tapándole los ojos. Ella estaba quieta y callada, sentada en un banco de la plaza, las piernas cruzadas y su mirada, que por la posición de su cabeza, parecía estar buscando una resquicio de algodon entre las nubes del cielo azul de Madrid.
Fabián se sentó en el banco de madera de enfrente. La estuvo mirando un buen rato. Ella parecía que también le miraba desde la intimidad, esa intimidad entre la timidez y el voyeurismo que dan las gafas de sol. Él sonreía. Ella parecía hacer amago de sonreirle también. Él fumaba con caladas largas y silenciosas, soltando el humo por la nariz y jugando con algún mechon de pelo que caía sobre su frente. Intentaba autocrearse una imagen de hombre interesante, para que ella se acercara y le dijera un "hola-qué-tal-cómo-te-llamas?". Pero no, ella no entraba al juego, simplemente parecía mirarle fijamente. Él empezó a mover los labios, a decirla de una manera muda "por favor, acércate, déjame conocerte". Pero no, no hubo ni un simple amago que a él le permitiera levantarse valientemente y acercarse a ella.
Fabián se cansó de ese juego estúpido. Ella era preciosa es cierto, pero no hubo tregua para entablar conversación por mucho que ella le mirara fijamente. Se levantó de su banco, y dejó olvidados sus pasos y el recuerdo de otro amor que nunca fué por las aceras de la calle Manuela Malasaña.
No habían pasado ni dos minutos desde que Fabián se marchó, cuando ella se levantó de su banco también. Andó los tres metros que la separaban de su caseta, abrió la puerta y se sentó. Aún le quedaban algunas horas más que trabajar y muchos cupones que vender.
Ella nunca supo de ese hombre que aquella mañana de Domingo pasó media hora mirándola, al igual que Fabián nunca supo que realmente ella no le estaba mirando tras el cristal oscuro de aquellas gafas de sol.
Y si bien es cierto esa máxima de que el amor es ciego, aquella no era la ceguera de la que la frase habla. Pero es que el amor suele ser dificil cuando hay una ceguera (física) de por medio.